Vuelvo de la cárcel arrepentido de no haber gastado anteriormente mayor energía todavía para desenmascarar a los infames que se atreven a poner manos sacrílegas sobre la gente honrada.
Si hasta antes de mi prisión he guardado contemplaciones para las autoridades inescrupulosas y que dilapidan el tesoro público, desde hoy cumpliré con mi deber más estrictamente a fin de que comprendan que los hombres que tenemos conciencia no sabemos vacilar ni doblegarnos ante la persecución tirana y brutal de los que transitoriamente se hacen llamar autoridades.
Vuelvo, pues a mi puesto, y mientras la ley me otorgue el derecho de expresar mis opiniones por la imprenta, mi pluma continuará destilando hiel porque soy un revolucionario que anhelo ver pronto una sociedad nueva, más humana, más justiciera que la actual.
Es verdad que un juez radical, sin escrúpulo alguno, puso mano atentativa sobre la constitución y las leyes, pero esto no puede causarnos extrañeza porque ya nos hemos acostumbrado a ver que todos los días atropellan las leyes los mismos que están encargados de dar ejemplo de respeto.
Así también el pueblo empezará poco a poco a imitar ese ejemplo y las leyes que hoy coartan sus libertades tendrán que ser inutilizadas en homenaje al progreso y civilización.
Prosigo, pues, mi misión, sin tomar en cuenta que pueda caer nuevamente víctima de los que se prosternan ante el oro.
Luis Emilio Recabarrem S.
El Trabajo. Tocopilla, 21 – Febrero – 1904.
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