Apuntes basados y extraídos de artículos de Virginia Vidal (www.virginia-vidal.com)
El feminismo no nació en Chile ni en nuestro continente por efecto de la rebeldía de los sectores medios o altos de nuestra sociedad, fue un asunto de clase, de la clase proletaria. El olvido no procede sólo de los sectores dominantes sino también del
sectarismo que ha pretendido borrar la influencia socialista, anarquista, etcétera. Tuvo su cuna en el norte salitrero y su irradiación perduró más allá del declinar de esa industria. De modo simultáneo, en toda América, se producía
el despertar. Esta acción fue paralela y ajena a la de Inés Echeverría de Larraín y el Club de Señoras, a la de Amanda Labarca y el Círculo de Lectura, fundados en 1915, pero se conecta con el Consejo Federal Femenino, creado ese mismo año al alero de la FOCh (Federación Obrera de Chile) y con la Federación Unión Obrera Femenina, dependiente de la IWW (Trabajadores Industriales del Mundo) que llama en 1921 a las obreras a federarse
“contra los abusos del capital”. Siempre nos causará renovado asombro la importancia y la influencia que los centros femeninos “Belén de Sárraga” tuvieron en el movimiento feminista chileno y es completamente necesario un recuento, por breve que sea, para situarnos en el movimiento feminista de hoy,
utilizando la nostalgia del pasado como método revolucionario de crítica del presente, y en pos de construir el futuro.
Belén de Sárraga recorre América desde su España andaluz natal
apuntando contra quienes detentaban el poder sustentado en el sojuzgamiento de los seres humanos, en la desigual repartición de la riqueza, en la doble moral, repudiaba la guerra colonial, también proclamaba la preservación del medio ambiente, la emancipación femenina, la igualdad de los hijos nacidos fuera del matrimonio, el rechazo a la militarización de la enseñanza juvenil, e impugnaba con todas sus fuerzas la explotación del niño condenado a trabajar.
Luis Emilio Recabarren, a quien hemos llamado
“pionero del feminismo”, contribuyó en gran medida a organizar los primeros centros de mujeres trabajadoras y esposas de obreros. En estos centros las mujeres comenzaron a tratar sus problemas y a tomar conciencia de la necesidad de ser ellas mismas sujetos de la historia. Acaso éste, aunque tan importante, haya sido el menos valorado de los aportes de ese dirigente obrero a las luchas sociales.
Cuando le surgió la lúcida ocurrencia de invitar a Belén de Sárraga a Iquique, ya había fundado el Partido Obrero Socialista el año anterior, 1912, así como el periódico El Despertar de los Trabajadores.Previa a la cristalización de la iniciativa, fue su labor de propaganda y organización entre las mujeres nortinas.
Todo nació con lacónico telegrama enviado por el fundador del Partido Obrero Socialista:
“Iquique, 23 enero 1913 / Señora Belén de Sárraga, Hotel Oddó, Santiago
Socialistas Iquique tendríamos placer en escucharla. Agradeceríamos anunciarnos si podría venir.
Luis Emilio Recabarren”
Se puede decir que al día siguiente de la llegada de la elocuente oradora, ya comenzaron a proliferar los centros femeninos “Belén de Sárraga” en las
oficinas salitreras. En aquel año existían en Tarapacá ciento sesenta y siete oficinas salitreras, sesenta y una de las cuales estaban bajo control de los ingleses. Iquique, el segundo puerto en importancia de la república, contaba con unos treinta y cinco mil habitantes y cuatrocientas cincuenta manzanas de casas.
Del profundo efecto que esa mujer causó en el líder sindical da cuenta su poema A Belén de Sárraga, publicado el 22 de febrero de 1913 en El Despertar de los Trabajadores. En nueve estrofas de cuatro versos trata de expresar la admiración y canta a la
“grande mujer, valiente y admirable” y, por sobre todo, canta a su verbo:
“Que irradie siempre tu verbo altruista/ haciendo luz, conciencia y altivez!/ con dignidad inmensa y honradez/ lucha a tu lado el mundo Socialista!”
Es muy importante recordar que la sede de
El Despertar de los Trabajadores era centro de reunión y casa del pueblo. Ahí llegaban los más connotados personajes de avanzada e intelectuales de ese tiempo, como el poeta Víctor Domingo Silva o el dramaturgo Armando Moock. El mismo Recabarren la acompañó en la
gira por la pampa salitrera. La española también tuvo a su disposición las páginas de El Despertar para publicar artículos tales como:
La mujer como entidad social, La mujer despierta, La mujer en acción.
La española dio cinco conferencias en Iquique y luego se dirigió a Negreiros y Pisagua. Retornó al puerto y el sábado 3 de julio, el
Centro Anticlerical auspició la velada en el local de El Despertar de los Trabajadores. El entusiasmo de los participantes es indescriptible. Al finalizar el acto, una columna de manifestantes acompañó a Belén de Sárraga hasta el hotel. Encabezaba el desfile la estudiantina “Germinal” interpretando La Marsellesa. A las dos de la mañana pasó la manifestación ante la Vicaría.
Según Recabarren, el Centro Femenino Anticlerical “Belén de Sárraga”
“es la única organización en Chile en su género que desarrolla la hermosa tarea de libertar las conciencias femeninas del fanatismo salvaje que aún supervive”. Años más tarde, se cambió el nombre de esta institución como Centro Femenino de Librepensadores “Belén de Sárraga”.
El Centro Femenino “Belén de Sárraga” de Iquique no corría, sino que volaba y comenzó a regirse por los siguientes estatutos, publicados en El Despertar de los Trabajadores el 19 de abril de 1913:
“Art. 1. Este centro se compone de mujeres que voluntariamente y sólo por amor a la verdad, se comprometen a no tener en lo sucesivo ninguna relación directa ni indirecta con el clericalismo y sus instituciones.
“Art. 2. Todas las mujeres que componen este centro se comprometen a propagar estos bienhechores pensamientos por medio de visitas domiciliarias a sus amigas, invitándolas a conferencias, exhortándolas a leer, estudiar y buscar la verdad.
“Art. 3. Las madres de familia que ingresen al centro educarán a sus hijos dentro del más alto sentimiento de libertad y de verdad y ajenos a todo sentimiento clerical.
“Art. 4. Las jóvenes que ingresen al centro cuidarán al formar su hogar que el compañero que elijan sea un verdadero y firme librepensador.
“Art. 5. Todas las que compongan este centro, a la medida de sus fuerzas procurarán propagar el libre pensamiento y aumentar el número de sus afiliadas.
“Art. 6. Para el sostenimiento del centro y la propaganda de sus ideales, cada asociada pagará una cuota de un peso mensual.
“Art. 7. El centro efectuará a lo menos una velada mensual para divulgar y popularizar sus ideales. Igualmente tomará parte en toda clase de conferencias, comicios u otros actos instructivos”.
Las integrantes del primer directorio fueron:
Teresa Flores —compañera de Luis Emilio Recabarren—, Juana A. de Guzmán, Nieves P. de Alcalde, Luisa de Zabala, María Castro, Pabla R. de Aceituno, Ilia Gaete, Adela de Lafferte, Margarita Zamora, Rosario B. de Barnes y Rebeca Barnes.